Ayer, me sentí triste; la primera vez desde que mi abuela murió. Fue ese tipo de tristeza que la deja a una como flotando en el espacio, con las piernas tiritonas, y un vacío en el corazón. La razón de esa tristeza tan profunda no la voy a contar, pero quien la haya sentido alguna vez, se puede imaginar lo que fue.
¿Porqué tenemos que sufrir? es parte de la vida, dicen. Sin sufrimiento no se sabe lo que es la alegría, dicen. Pero no le digan eso a alguien que está sufriendo, porque en el momento no se entiende. Yo digo que sufrimos porque somos orgullosos y egoistas, porque no soportamos no tener las cosas que tanto queremos. Es un punto de vista... aunque de todas formas sigo pensando que la tristeza profunda que siento, es injusta. Esta vez no creo merecer este sufriemiento. Puede que en unos meses más, o tal vez años, mire hacia atrás y me ría de esta tristeza, como me río ahora de una que sentí hace tiempo atrás. Pero esta tristeza la siento distinta, es demasiado profunda, como si me hubieran quitado el corazón de un tirón estando yo mirando, y de pasadita se me escapó el alma...
Esta tristeza es del tipo de tristeza que hace que el día más soleado, se vea negro y frío, quitandole lo lindo a la vida.
Normalmente soy una persona alegre, y no me gusta escribir sobre cosas tristes... pero cuando escribo, no puedo dejar de lado mis emociones. Si estoy feliz, escribo cosas felices; si estoy enojada... bueno, cuando me enojo no escribo; si estoy triste, escribo cosas tristes.
Escribir es terapeutico para mí, me ayuda a ver las cosas desde afuera, y resolver mis problemas.
Ahora que he sacado todo lo que siento... me sigo sintiendo igual, pero un poco más optimista. Todabía tengo a mi familia, a Dios, mis amigas... y ustedes, queridos lectores, que me alegran el día con sus comentarios, y me hacen sentir que por lo menos estoy haciendo algo bien en esta vida.
El mundo no se acaba porque se está triste... pero siento que se va un pedacito de mi alma cada vez que lo estoy.